martes, 29 de julio de 2008

Encrucijada




No era la primera vez que lo pensaba y, posiblemente, no sería la última, aunque ella sabía que no se atrevería a hacerlo; tenía mucho miedo y, aunque no era cobarde pero tampoco valiente, no lograba dilucidar cuál de las dos conductas necesitaba inyectarse para lograr sus fines.

Cualquier otra persona seguro que no dudaría tanto, lo haría y ya está, pero ella no, siempre tan insegura, tan dubitativa. Muchas veces, se dejaba llevar por un impulso y luego, se pasaba el resto del día dándole vueltas a lo que había hecho; el caso era no quitarse nunca la angustia, la zozobra, la incertidumbre.

Mientras caminaba, seguía buscando los pros y los contras de sus deseos, lo bueno y lo malo de sus pensamiento y el corazón le latía más fuerte a cada paso, casi a punto de explotar en algunos momentos. No sabía qué hacer. Se encontraba en una encrucijada, como siempre que tenía que decidir cualquier cosa, como siempre que tenía que luchar entre lo que le decía su cabeza y lo que deseaba su corazón.

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