domingo, 12 de octubre de 2008

MARÍA

Cualquier persona que mirase a María la encontraba hermosa, alegre y simpática. Nadie habría dicho lo contrario porque su sonrisa muy pocas veces se apagaba.
Cuando llegaba a su trabajo con la música a todo volumen en el coche, y la gente la veía llegar, sólo se fijaban en la manera en la que salía: con fuerza, rapidez y energía.
-Como un torbellino – decían algunos.

Sí, también la miraban cómo iba vestida: siempre arreglada, aunque sencilla, con su bolso grande y negro, sus gafas oscuras y un libro en la mano.

Antes de entrar a trabajar, se tomaba un café, abría el libro y lo hojeaba, más que nada para disimular su timidez bajo las hojas. Y allí se quedaba un rato divagando más que leyendo mientras el amargo café le resbalaba por la garganta. A veces, tragaba saliva para sofocar algún sollozo pero lo hacía tan dulcemente que si alguien la miraba, nunca se percataban de ese detalle. Nadie veía más allá y nadie jamás supo qué ocultaba el corazón de María.

Los días iban pasando y, aunque todo seguía igual, sus ojos iban cambiando. Ya no eran tan risueños, tan alegres, tan sinceros; arruguitas pequeñas se abrían paso y los párpados caían cansados, pero, sin embargo, su sonrisa no desaparecía, aunque, en algunos momentos, más parecía un amago de lo que debería haber sido.

Pero la gente que miraba a María no se paraba a pensar que algo ocurría en su corazón.

Un día, María no fue a trabajar. Todos preguntaban qué pasaba: -En veinte años, jamás ha faltado ni una sola vez. No lo entiendo-
La buscaron, indagaron para saber la respuesta pero nunca la supieron.

Ella se fue para siempre y no volvió. Nadie pensó que quizá es que de aquel lugar ya no se podía volver, pero nunca olvidaron los ojos de María, su sonrisa, la alegría y aquella fuerza que emanaba su cuerpo cuando andaba, aquella energía que ella misma producía para que nadie pudiera jamás saber qué escondía en su corazón.

4 comentarios:

indecible dijo...

gRACIAS, pANDORA, POR TU VISITA A NUESTRA PÁGINA Y EL ESTUPENDO COMENTARIO QUE NOS DEJASTE. uN SALUDO DESDE central de la poesía.

Anónimo dijo...

Por favor, Pandora, la próxima vez que escribas avísame. Me ha gustado mucho, de verdad, Pandora. Pero yo no quiero que desaparezca María. Te he leído y le he cogido cariño, que vuelva, aunque sólo sea su sonrisa.

Ya sabes que perdí la contraseña para entrar y publicar. ¿Qué se podrá hacer en estos casos? Pienso que blogger ofrecerá una solución. ¿Alguien sabe cuál es?
Un fuerte abrazo, cielo.

Desvelada

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Ya ves, Pandora, que las sonrisas casi nunca son lo que parecen.

Muy bonita narración.

Saludos.

ZuMo De PoEsÍa dijo...

Me gustó mucho tu relato.

Saludos desde ZuMo dE pOeSíA

(zumo-de-poesia.blogspot.com)