Una vez me dijo que esa noche la luna se pondría de color naranja, y me pidió que me asomara a mirarla. "Por supuesto que lo haré", pensé entre risas. Me imaginaba que él haría lo mismo y por eso me pedía que esa noche alzara la vista hacia la luna naranja.
Si te olvidas de la luna te castiga de por vida. Es una rencorosa. Esa noche me olvidé de ella, nunca supe de que color vistió sus galas, y ahora he de cargar con la pena de ver todos los días al hombre de los ojos verdes al que la luna despechada le dijo que no me amara.
Amiga, Pandora, nunca te olvides de la luna.
1 comentario:
Precioso. No te preocupes, no me olvidaré de la luna. Quizás hoy la mire para ver con qué color se enfrenta a la noche.
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